Hoy
he visto a una señora santiguarse antes de emprender un trayecto de veinte
minutos en autobús. No todos nos santiguamos ni pedimos a entes abstractos que
velen por nuestra seguridad, pero es seguro que todos sin excepción tenemos
miedos irracionales.
Nuestras
debilidades nos convierten en bombas de relojería y nuestra naturaleza lleva a
muchos a estar al acecho para aprovechar esas flaquezas. Es entonces cuando
caemos en el peligro de convertirnos en masa y como tal, se multiplican las
posibilidades de ser controlados. Llevamos años asegurando que muchos avances
científicos pueden pasar a ser las armas más peligrosas si son utilizadas por
las personas equivocadas (no dirijáis la mirada hacia Oriente, no hay que
olvidar que el primer gobierno que lanzó bombas atómicas sobre población civil
fue el estadounidense y aún no ha sido juzgado por ello. Ventajas de que su
causa siempre sea la buena). Sin embargo, los humanos deshumanizados y
convertidos en masa componemos el arma más destructiva. Día tras días, ciertos
hombres que también son convertidos en masa por otros hombres juegan a
manejarnos y a utilizarnos como herramientas. Como seres sociales somos fin,
como miembros de un sistema que no nos tiene en cuenta somos medio. Y los
peligros se multiplican en este punto.
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Imagen extraída de la web de Quesos Quevedo. |